Hildegarda de Bingen: la bruja verde que la Iglesia convirtió en santa.
- 23 ene
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Durante siglos, el saber de las mujeres fue temido, vigilado y, cuando no pudo ser erradicado, absorbido y domesticado. Hildegarda de Bingen es uno de los ejemplos más claros de este proceso. Mística, herbolaria, sanadora y visionaria, hoy es recordada como santa y Doctora de la Iglesia, pero su legado hunde las raíces en un territorio mucho más antiguo: el de la brujería verde, el conocimiento profundo de la naturaleza y la medicina del alma.
Este artículo no busca desacralizar a Hildegarda, sino devolverle su complejidad. Porque quizá la pregunta correcta no sea si fue santa o bruja, sino: ¿qué tuvo que pasar para que una bruja verde pudiera sobrevivir en la Edad Media?
¿Quién fue Hildegarda de Bingen?
Hildegarda de Bingen (1098–1179) fue abadesa benedictina, médica, compositora, escritora, mística y visionaria alemana. Desde niña afirmó recibir visiones que describía como una “luz viva” que le permitía comprender el orden del cosmos, del cuerpo humano y del alma.
En vida mantuvo correspondencia con papas, emperadores y obispos, algo excepcional para una mujer medieval. Aun así, su figura resultó incómoda: hablaba con autoridad, interpretaba la voluntad divina sin intermediarios masculinos y practicaba una medicina basada en plantas, piedras, rituales y música.
En 2012 fue proclamada Doctora de la Iglesia, un reconocimiento tardío que selló su lugar dentro de la ortodoxia cristiana… pero también diluyó el carácter profundamente natural y simbólico de su saber.
Viriditas: la fuerza verde de la vida.
El concepto central del pensamiento de Hildegarda es la viriditas. Esta palabra latina, que suele traducirse como “verdor” o “fuerza verde”, va mucho más allá de lo vegetal.
Para Hildegarda, la viriditas es:
la energía vital que recorre toda la creación
la savia que anima plantas, cuerpos y almas
el principio de fertilidad, crecimiento y sanación
Cuando una persona enfermaba, no era solo su cuerpo el que fallaba: había perdido su viriditas. Sanar consistía en restaurar el flujo vital, devolver la armonía entre el microcosmos humano y el macrocosmos natural.
Este concepto conecta directamente con lo que hoy llamamos brujería verde, una espiritualidad enraizada en la naturaleza, donde la salud depende del equilibrio entre cuerpo, emoción, espíritu y entorno.
Medicina natural, herbolaria y ritual.
Hildegarda dejó dos obras fundamentales:
Physica: un compendio de plantas medicinales, animales, piedras y sus virtudes terapéuticas.
Causae et Curae: un tratado sobre las causas físicas, emocionales y espirituales de la enfermedad.
Su medicina era holística, tenía en cuenta:
Las estaciones del año.
El clima.
La alimentación.
El temperamento.
El estado emocional y espiritual.
Utilizaba preparados herbales, ungüentos, infusiones, piedras preciosas y palabras ritualizadas. Para ella, la naturaleza era un libro sagrado que debía leerse con atención y respeto. El remedio no actuaba solo por su composición, sino por el contexto, la intención y el equilibrio del conjunto.
Vista desde hoy, su práctica se asemeja más a la de una curandera o bruja verde que a la medicina mecanicista moderna.
¿Magia o medicina?
Hildegarda rechazó explícitamente la magia, pero no en el sentido moderno. No negaba su existencia ni su eficacia. Lo que rechazaba era el uso de los poderes naturales con fines egoístas, manipuladores o desconectados de lo sagrado.
Muchas de sus prácticas (amuletos, fórmulas verbales, rituales de sanación, correspondencias simbólicas) serían consideradas hoy magia simpática. La diferencia, para ella, estaba en la intención y en la alineación con un orden superior.
La Iglesia medieval no eliminó estas prácticas: las cristianizó. Cambió dioses por santos, invocaciones por oraciones, rituales paganos por liturgia. Hildegarda se movía en ese delicado límite entre lo permitido y lo peligroso.
Cannabis, visiones y plantas de poder.
Hildegarda conocía y mencionaba el cáñamo (Cannabis sativa) en sus escritos, destacando sus usos terapéuticos para el dolor, la inflamación y los estados melancólicos.
En la Edad Media, el cannabis era una planta medicinal común. Además, muchas místicas de distintas culturas utilizaron plantas de poder para facilitar estados alterados de conciencia.
No existen pruebas directas de que Hildegarda usara cannabis con fines visionarios, pero su contexto cultural y su conocimiento botánico abren una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto las experiencias místicas femeninas estuvieron vinculadas al saber herbal?
Esta pregunta ha sido históricamente silenciada, porque conecta la espiritualidad con el cuerpo, y el cuerpo femenino con el poder.
Música, trance y sanación del alma.
Hildegarda compuso una extensa obra musical que no concebía como arte decorativo, sino como medicina espiritual. Para ella, la música ordenaba el caos interior, elevaba el alma y restauraba la viriditas.
El canto, el ritmo y la vibración actuaban como herramientas terapéuticas, muy similares a las usadas en tradiciones chamánicas. La música era un puente entre mundos, una tecnología sutil de sanación.
¿Santa o bruja verde?
Hildegarda veía, sanaba, conocía las plantas, utilizaba ritual, palabra y música, y hablaba con autoridad espiritual. En otro contexto histórico, habría sido acusada de brujería. En el suyo, fue absorbida por la Iglesia y santificada.
Su caso nos recuerda que muchas brujas no desaparecieron: fueron renombradas. Convertidas en santas, místicas o visionarias aceptables.
El legado de Hildegarda hoy.
Hildegarda de Bingen forma parte de un linaje antiguo que hoy vuelve a despertar. Su visión nos habla de una espiritualidad encarnada, de una medicina que escucha al cuerpo y a la tierra, y de un poder femenino que no necesita permiso.
Reconocerla como bruja verde santificada no es un insulto, sino un acto de memoria. Porque la viriditas sigue viva, esperando ser recordada.
Si quieres seguir explorando el linaje de las brujas verdes, la herbolaria espiritual y el trabajo de sombra, te invito a suscribirte a la newsletter de Enola Herbs y a escuchar el podcast El Rincón de la Bruja.






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